7 FALSOS MITOS SOBRE EL SUEÑO

Hoy es el Día Internacional del Sueño, una fecha clave para recordarnos que un buen descanso es fundamental para realizar correctamente nuestras funciones físicas y psicológicas. A pesar de que en general nos parece alarmante que pasemos (o ‘desperdiciemos’) un tercio de nuestra vida durmiendo, sin esa mínima cantidad de horas de sueño literalmente no podríamos vivir.

Según los informes en España la calidad del sueño es algo precaria, pues dormimos poco y tenemos por costumbre trasnochar. Una de las razones principales de este hecho, y que por tanto se ha convertido en un tema de debate, es que nuestro huso horario no es el que se corresponde.

Los expertos recomiendan dormir entre 7 y 9 horas diarias, pero esta es una meta que muy pocas personas pueden alcanzar. Los diferentes factores implicados, como el huso horario y nuestro frenético ritmo de vida, están dejando una huella importante en nuestra salud. La cultura popular se ha encargado de interpretar erróneamente las características del sueño y sus beneficios. De esta forma, hemos interiorizado comportamientos y hábitos nada favorables para nuestro descanso. A continuación vamos a presentar una lista de esos falsos mitos sobre el descanso:

 1.    La idea de que el alcohol facilita el descanso está muy arraigada, pero no tiene base científica. Es cierto que cuando hemos ingerido alcohol experimentamos somnolencia, sin embargo, una vez hemos conciliado el sueño, su calidad empeora. La profundidad y el efecto reparador que se produce en el descanso normal se ven alterados porque la bebida reduce la fase REM. En este periodo se registra una relajación muscular total y se presentan los sueños, que son indispensables para reorganizar nuestro cerebro. El alcohol también aumenta la probabilidad de que ronquemos y, por tanto, podamos sufrir apneas. Si bebemos – sin abusar- lo más recomendable es tomar la última copa entre hora y media y dos horas antes de ir a la cama.

2.    Otra falsa idea sobre el sueño es que podemos aprender mientras dormimos. Con el sueño perdemos nuestra autoconciencia, pero eso no significa que el encéfalo permanezca inactivo. En realidad, está trabajando en tareas fundamentales para procurarnos bienestar.  Por ejemplo, en el descanso se fijan los conocimientos que hemos adquirido durante la vigilia. Por eso se afirma que lo más adecuado antes de presentarse a un examen, además de estudiar, es dormir el número de horas adecuado. Sin embargo eso no significa que la mente pueda asimilar nuevos conocimientos mientras se está durmiendo, por ejemplo una lección de chino reproducida con MP3. Un mito popularizado en la década de 1940 pero que estudios posteriores han desmontado.

3.    Tampoco es cierto que durante el fin de semana podemos recuperar el sueño perdido. Remolonear entre las sábanas el sábado y el domingo para compensar la dinámica de trasnochar y madrugar los días laborables puede tener sus ventajas, como por ejemplo reducir el riesgo de diabetes. Sin embargo no es una buena forma de equilibrar todo el sueño que hemos perdido, lo que puede acarrear numerosos problemas de salud.

4.    ¿A quién madruga Dios le ayuda? El ciclo circadiano es el nombre del reloj biológico interno que controla nuestros ritmos de sueño y vigilia, y está sincronizado con las fases de luz y oscuridad de la Tierra. Salvo por motivos laborales, la mayor parte de la gente funciona con ese ciclo: trabaja de día y duerme de noche. Pero eso no quiere decir que el ritmo biológico de todas las personas sea el mismo: las hay que funionan mejor por la mañana y otras que lo hacen a última hora del día En función de esta característica, los individuos se dividen en búhos, que trasnochan y se levantan más tarde, y alondras que se acuestan pronto y madrugan. Ojo: también hay gente que es neutra. Por otra parte esta clasificación cambia mucho con la edad. Así los ancianos tienden a ser más alondras, y los adolescentes, rapaces nocturnas.

5.    ¿Eres de los que se queda dormido con la televisión encendida? Hay personas que planchan la oreja plácidamente mientras la televisión funciona o incluso con la luz del dormitorio encendida. Sin embargo, con independencia de nuestras preferencias, es más saludable hacerlo a oscuras. Si no observamos esta medida básica de higiene del sueño, nuestro descanso no será tan profundo como el cuerpo requiere. El reloj biológico está sincronizado con los ciclos de luz y oscuridad, y la iluminación artificial rompe ese ritmo, lo que causa a la larga numerosos trastornos, algunos graves. Por ejemplo, puede afectar al estado de ánimo y se encuentra detrás de numerosos brotes de depresión.

6.    La siesta es una pérdida de tiempo. Echar una cabezada después de comer se vincula con frecuencia con ser un vago. Sin embargo es perfecto para estar más alerta en el trabajo. Por eso, empresas como Google ya disponen de espacios donde sus empleados pueden disfrutar de un sueñecito a mitad de jornada. En función de lo que dure la siesta obtendremos unos beneficios u otros. Una de menos de cinco minutos nos ayudará a combatir la somnolencia, pero si optamos por descansar diez o veinte merjorará significativamente la concentración y la presión sanguínea. La mejor hora para practicarla es entre las dos y las tres de la tarde. El momento del día en que solemos sufrir un bajón de la productividad. Tu salud lo notará.

7.    Contar ovejitas ha sido desde tiempos inmemoriales el consejo que desde niños nos han dado cada vez que nuestro sueño se veía frustrado. Pero lo cierto es que el mito de contar animales para fomentar nuestras ganas de dormir no es tan efectivo como nos han hecho creer. Al seguir este consejo, lo único que conseguimos es que se fomente la activación cognitiva de nuestro cerebro. Lo recomendable en estos casos, según el sueño, nos levantemos y realicemos alguna actividad para cansarnos y nuevamente tengamos ganas de descansar.

Descubre estos y más mitos y curiosidades sobre el sueño en el siguiente artículo publicado por Muy Interesante .

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